sábado, 8 de junio de 2013

Día triste

En la esquina de la espera, a esta hora, vaga triste un corazón. A la espera de un rayo de luz que venga a iluminar un camino sin andar, un sendero sin recorrer, un pasillo sin limpiar.

No hay más luz en el sendero, no hay esperanza, no hay consuelo; se va sin más remedio, la risa, el brillo en la mirada, el coqueteo dulce, el fuego en el andar. Se van perdiendo en el reloj las buenas horas de la juventud, se ahoga triste y pesaroso el corcel sediento de mundo y emoción.

Sin más trofeo que la derrota, sin más estandarte que la vergüenza, transito por estrecho camino al abismo, al trono desaseado de la miseria sin que nada ni nadie lo pueda evitar. Y siendo esto un destino inaplazable, qué melancólico es ver una mujer encantadora perderse cuando su camino era brillante, cuando las zapatillas de cristal eran irrompibles, cuando el baile era permanente y su sonrisa un alivio.

No habrá angel, arcángel o querubín en el cielo que no lamente que el día triste haya llegado.


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