lunes, 13 de octubre de 2008

EL PERDÓN Y YO.


Y yo, ¿merezco librarme de ello

como para no tener que andar

cargando con esta mochila tan pesada de enojo

y correr el riesgo de enfermarme

y vivir una vida penosa como víctima?


Sí, con ello se cambia la perspectiva,

reconociendo a la vez cuánta dependencia se mantiene con quien agravia

por el solo hecho de no perdonarlo.


Para perdonar a otros

tenemos que empezar perdonándonos a nosotros mismos.

Sacar la culpa de nuestro sistema y recuperar la inocencia primordial.


Para eso tenemos que trabajar sanando LA CULPA.

Somos puros intrínsicamente,

tenemos el alma inmaculada

y ésta jamás puede ser mancillada o dañada,

por nada o por nadie
ni siquiera por nuestros egoísmos o mezquindades.


No hay comentarios: