
Y yo, ¿merezco librarme de ello
como para no tener que andar
cargando con esta mochila tan pesada de enojo
y correr el riesgo de enfermarme
y vivir una vida penosa como víctima?
Sí, con ello se cambia la perspectiva,
reconociendo a la vez cuánta dependencia se mantiene con quien agravia
por el solo hecho de no perdonarlo.
Para perdonar a otros
tenemos que empezar perdonándonos a nosotros mismos.
Sacar la culpa de nuestro sistema y recuperar la inocencia primordial.
Para eso tenemos que trabajar sanando LA CULPA.
Somos puros intrínsicamente,
tenemos el alma inmaculada
y ésta jamás puede ser mancillada o dañada,
por nada o por nadie
ni siquiera por nuestros egoísmos o mezquindades.
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