
No te jactes de tu religiosidad.
No te jactes de tus disciplinas,
no te jactes de que has hecho esto y aquello por Dios.
El amor
nunca se jacta de nada,
el amor
hace las cosas por la pura alegría de hacerlas.
Haz lo que sea natural para ti,
por la pura alegría de hacerlo.
Si quieres pintar, pinta;
si quieres cantar, canta;
si quieres hacer esculturas, haz esculturas.
Cualquier cosa que tengas ganas de hacer,
hazla,
pero recuerda:
tú no eres el hacedor,
Él es el hacedor.
Deja que Él tome posesión de ti.
Tú desaparece.
Deja que Él actúe a través de ti,
y entonces,
cada acto se volverá tan hermoso,
tan increíblemente hermoso
que no lo puedes imaginar.
Entonces cualquier cosa que hagas será santa.